Por: Angélica Paredes López
Fotos: José M. Correa Armas
Como es tradición en toda Cuba, cada 8 de octubre niños y niñas de primer grado colocan
alrededor de su cuello la pañoleta azul que los convierte en pioneros.
Todos los nacidos después de 1959, tuvimos también nuestra primera
vez. Ese hermoso símbolo ha transitado a través de generaciones de cubanos, que
han repetido con orgullo: ¡Seremos como el Che!
Esta mañana, al anudar la pañoleta de Ernesto rememoré varias décadas
atrás cuando en una humilde escuelita pinareña, una niña intranquila y
despierta comenzaba a dar sus primeros pasos escolares, cargada de sueños.
Casi cuarenta años transcurrieron desde aquel día, pero por suerte
para todos, Cuba, a pesar de los ataques externos, de las carencias, de las
limitaciones económicas y de nuestras propias insuficiencias, mantiene uno de
los sistemas educacionales más completos del mundo.
Ahí está esta hermosa tradición que perdura, y que permitió hoy que el
científico, la ingeniera, el doctor, el técnico, el obrero y la periodista
pudieran reunirse en el patio de una escuela habanera, para sentir nuevamente,
ahora junto a nuestros hijos, el aliento y el espíritu de aquella primera vez
en que nuestros padres anudaron nuestra pañoleta.



















































