jueves, 15 de enero de 2015

El art decó dice adios al hospital Pedro Borràs

 Construido en 1933 bajo las consideraciones más modernas de su tiempo, el Hospital Municipal de la Infancia fue el primer centro pediátrico de la capital habanera hasta 1961, que fue nombrado Hospital Infantil Pedro Borras Astorga  un joven estudiante de Medicina, mártir de la invasión mercenaria por Playa Girón. El centro en su época de esplendor prestó servicios en todas las especialidades médicas y quirúrgicas infantiles, con una capacidad de 500 camas.
 Fue proyectado y construido en estilo Art Decò por la firma de los arquitectos Félix Cabarroca Ayala y Evelio Govantes Fuertes, dos profesionales que legaron al patrimonio urbanístico habanero obras como el Capitolio, la Plaza Cívica, el Palacio de Bellas Artes y otras de igual significación.
Después de un largo período de abandono e indecisiones comenzó la demolición de la estructura del que fuera el primer hospital infantil conque contó La Habana. Inaugurado en 1934 en una colina de la céntrica barriada del Vedado, la instalación mantuvo servicios hasta comienzos de la década de los 90 del pasado siglo en la que después de un infructuoso intento de reparación y otras tribulaciones, quedó abandonada. Su arquitectura estilo Art decó, en boga en la época, lo distinguía como uno de los edificios emblemáticos de la ciudad.

Ver más: Demuelen ruinas del hospital infantil Pedro Borrás Astorga, celebre edificación de La Habana http://www.trabajadores.cu/20150111/demuelen-ruinas-del-hospital-infantil-pedro-borras-astorga-celebre-edificacion-habanera/
 Hasta comienzo de la década de los 90 del siglo pasado la instalación se mantuvo prestando servicios, posteriormente tras fallidos intentos de reparación quedó abandonada totalmente.
Tras largos años de total abandono e indecisiones si se reconstruía  o no, se decide finalmente por su avanzado estado de deterioro, su demolición.  
Un avance físico del 40 por ciento presenta la demolición mecánica, de las estructuras del otrora Hospital Infantil Docente Pedro Borrás Astorga, y cuando se concluya en sus áreas irán un
parque con todos sus requerimientos, un parqueo con 80 vallas para carros ligeros y autobuses y servicios de cafetería y quioscos, en una inversión de dos millones 260 mil pesos cubanos y convertibles. 
La Empresa Diseño Ciudad Habana elabora el proyecto ejecutivo sobre las instalaciones que ocuparán la nueva área disponible en el barrio de El Vedado.
Brigadas de La Habana y Villa Clara acometen las obras iniciadas en diciembre, las que concluirán en un plazo de tres a cuatro meses.
Debido a la falta de mantenimiento y al deterioro, en un principio se pensó en emplear técnicas de voladura, pero la cercanía de zonas residenciales, hospitalarias y otros centros condujeron a que la Comisión de Expertos del Ministerio de la Construcción (MICONS), acordará demolerlo con equipos.                 







 Las modernas máquinas ingenieras utilizadas acortan en forma considerable el período de terminación calculado de un año.
Los escombros son trasladados al vertedero de El Husillo, en el municipio capitalino de Boyeros, donde se rehabilitará una planta para el reciclaje de materiales de la construcción. 
Después de un largo período de abandono e indecisiones comenzó la demolición de la estructura del que fuera el primer hospital infantil conque contó La Habana. Inaugurado en 1934 en una colina de la céntrica barriada del Vedado, la instalación mantuvo servicios hasta comienzos de la década de los 90 del pasado siglo en la que después de un infructuoso intento de reparación y otras tribulaciones, quedó abandonada. Su arquitectura estilo Art decó, en boga en la época, lo distinguía como uno de los edificios emblemáticos de la ciudad.

Ver más: Demuelen ruinas del hospital infantil Pedro Borrás Astorga, celebre edificación de La Habana http://www.trabajadores.cu/20150111/demuelen-ruinas-del-hospital-infantil-pedro-borras-astorga-celebre-edificacion-habanera/
Después de un largo período de abandono e indecisiones comenzó la demolición de la estructura del que fuera el primer hospital infantil conque contó La Habana. Inaugurado en 1934 en una colina de la céntrica barriada del Vedado, la instalación mantuvo servicios hasta comienzos de la década de los 90 del pasado siglo en la que después de un infructuoso intento de reparación y otras tribulaciones, quedó abandonada. Su arquitectura estilo Art decó, en boga en la época, lo distinguía como uno de los edificios emblemáticos de la ciudad.

Ver más: Demuelen ruinas del hospital infantil Pedro Borrás Astorga, celebre edificación de La Habana http://www.trabajadores.cu/20150111/demuelen-ruinas-del-hospital-infantil-pedro-borras-astorga-celebre-edificacion-habanera/

domingo, 21 de diciembre de 2014

Para millones de necios: El Necio



Fotos José Manuel Correa Armas



Estremecedor concierto ofrecido por el cantautor cubano Silvio Rodríguez en su gira por los barrios tuvo lugar la noche de este sábado en el parqueo del coloso del Cerro, el emblemático Estadio Latinoamericano, no solo los que nos encontrábamos en el parqueo del estadio disfrutamos del concierto, millones de espectadores desde Cuba u otras partes del mundo vibraron de emoción por el derroche de humildad y amor entregado para los 5 héroes cubanos.

Ramón, Gerardo, René, Antonio y Fernando cantaron a coro junto a todos la canción de Silvio que fue calificada por ellos como su Himno durante largos años de duro encierro: “El Necio”. 





Una noche inolvidable, donde un público en su mayoría joven aplaudió a sus  Cinco hermanos  símbolos de la resistencia y  la dignidad .



El concierto estuvo cargado de gestos entrañables un regalo sin par para millones de personas en todo el mundo que de  diversas maneras batallaron para que los Cinco regresaran a su pueblo.






Gracias Silvio por este  concierto, gracias a los Cinco por su demostración de valentía y  coraje, y sobre todo, a “los necios”, que seguimos creyendo y construyendo una Patria nueva.









martes, 25 de noviembre de 2014

El cinturón de la Habana

La Muralla de La Habana Vieja.

 En algunas secciones de La Habana vieja se puede encontrar pedazos de muros que tal parecen no tener razón de ser. Realmente esos muros, o fragmentos, son parte de lo que una vez fue una muralla de cantería que iría desde La Punta hasta el Arsenal, con baluartes, garitas y puertas con puentes levadizos, al principio dos y luego hasta nueve. 
 La Habana vieja desde su surgimiento fue muy codiciada por su ubicación geográfica y las potencialidades que ella atesoraba para el desarrollo económico de la isla, como es el caso del puerto de La Habana, calificado como el más importante del país por ser centro de la actividad portuaria. 
 Así, fue azotada por innumerables ataques de corsarios y piratas que ponían en peligro la vida de los peninsulares y las riquezas que la corona almacenaba en la villa, por lo que se hacía imprescindible su fortificación a través de obras de ingeniería militar que permitieran defender la floreciente urbe. De esta forma son construidas las fortalezas de La Fuerza, La Punta, El Morro, La Cabaña y los torreones de Cojímar, La Chorrera y San Lázaro.
Sin embargo, todavía la ciudad era vulnerable por lo que en 1603 existe ya un proyecto de crear una muralla para evitar el acceso de enemigos por la parte de tierra.
                              

   En Egido frente a la estación central de ferrocarriles, se conserva parte de lo que fue el cuerpo de guardia de la puerta Nueva



         Puerta de la  Tenaza que fue reemplazada por la del Arsenal donde se destaca un lienzo de la mole uno, de los tramos mas grandes que aun perdura, testigo mudo de lo que fue la obra más costosa e inútil que realizó el gobierno colonial en Cuba. 
          

  La parte de tierra era la costa desnuda, y especialmente el bosque  de lo que más tarde sería El Vedado, se interponía entre el mar y la ciudad. El análisis del amurallamiento reveló que el costo de la obra tendría un monto de 207 375 ducados, previstos en un inicio para efectuarse en un plazo de tres años.
Iba a extenderse desde el barrio de Campeche hasta La Punta, con cuatro pies de ancho y ocho de altura, mas tres pies adicionales que se obtendrían por medio de grandes ladrillos, pero nada de esto se llevo a cabo al interponerse numerosos tramites burocráticos y la falta de fondos con que se justificaba España.
Por consiguiente se plantean otras propuestas, como la de crear la muralla pero de madera y rodear a la villa con fosos de agua como los castillos medievales. La primera es desechada rápidamente, pues seria fácilmente penetrable con la utilización del fuego y la segunda seria poco práctica pues devendrían problemas con la insalubridad que rodearía la urbe. 
Estos planes no fructifican y quedan prácticamente en el olvido durante varios años, hasta que ocurren varios hechos entre España y algunas de las potencias de la época como Inglaterra y Holanda que demandaban la atención de la Corona con respecto a la protección de sus posesiones de Ultramar, por lo que el rey de España, en 1667, ordenó más fortificación para La Habana. 

                       Baluarte del Ángel.

La muralla se comenzó a construir durante el gobierno de Francisco Rodríguez de Ledesma el 3 de enero de 1671 y se terminó casi un siglo más tarde; siendo dada por terminada la sección que daba a tierra en 1698 pero no completándose la parte que daba a la bahía hasta 1740, 137 años después de que naciera la idea de construirla, a un costo de tres millones de pesos. 
 Diagrama de la Muralla, su extensión era de unos 4 892 metros, tenía como promedio 1,40 metros de espesor y 10 de altura, y contaban con una dotación de 3 400 hombres y un armamento de 180 piezas. Estas murallas fueron convertidas en un entorno característico de la villa. 

Al principio contaba con dos puertas: Puerta de La Muralla (después llamada Puerta de Tierra) y Puerta de La Punta. Después se abrieron otras, algunas siendo reemplazadas, como la de Tenaza que fue reemplazada por la del Arsenal.
En general llegó a haber unas nueve puertas activas, entre ellas la de Monserrate, la de Luz, la de San José y la de Jesús María. Todo lo que quedaba dentro del recinto era llamado intramuros, asiento preferido de los peninsulares, mientras el resto, extramuros, era habitado preferentemente por los llamados naturales del país o criollos.
Con el paso de los años esta construcción llevó consigo a la división de la villa y mientras se desarrollaban más actividades y asentamientos en el exterior, se hacía menos necesaria la existencia de la muralla. 
En 1863 comenzó su demolición con el derrumbe del gran muro por las Puertas de Monserrate y no es hasta comienzos del siglo XX que culmina. Actualmente se conservan los restos de la muralla que testifican las características y el trazado de esta importante construcción del sistema defensivo de La Habana, la cual según los especialistas no tuvo una verdadera utilidad pues jamás tuvo que enfrentar un asedio ni contener máquinas de asalto reales, ya que en la única ocasión en que pudo haber sucedido, durante la toma de La Habana por los ingleses, el astuto enemigo evitó el cerco de piedra y penetró en la ciudad por la desprotegida loma de La Cabaña. 


Posteriores escavaciones llevadas a cabo por la oficina del historiador han venido mostrando otras partes de lo que fue el cinturón de La Habana.






martes, 18 de noviembre de 2014

Ocho leones y un paseo

  El Paseo del Prado.
Fue construido en 1772 bajo el gobierno colonial del Marqués de la Torre, Capitán General de la isla, que en aquellos momentos era una de las colonias españolas más florecientes de América. Su primer nombre fue el de Alameda de Extramuros o de Isabel II, por hallarse afuera de las grandes murallas que cercaban la ciudad.
El Paseo del Prado habanero fue por muchos años la avenida más importante y de mayor belleza de la Ciudad de La Habana. Hoy, a 242 años sigue siendo lugar de atracción no solo para el visitante extranjero si no para todos los cubanos también.
 La Fuente de la India o de la Noble Habana, es una representación donde figura la imagen de la mítica india Habana, esposa del cacique Habaguanex, regente de la zona antes de la llegada de Colón, del cual se cree que toma el nombre la capital de Cuba. Está ubicada en el extremo sur del Paseo del Prado, a unos 100 metros del Capitolio. Fue diseñada por el arquitecto Giuseppe Gaggini bajo el mandato del Conde de Villanueva don Claudio Martínez de Pinillos. Construida con mármol blanco de carrara, tiene una altura de tres metros.


Durante el siglo XIX  un tiempo se hizo solo peatonal pero en la segunda mitad de este  se empezaron a levantar a todo lo largo de su recorrido, grandes y fastuosas edificaciones neoclásicas que fueron a sustituir a las más antiguas, de estilo barroco y colonial.
 

 El Prado fue la primera calle asfaltada en La Habana, un verdadero suceso para la época, de ahí que se incorporó el automóvil en sus paseos. Al construirse en 1929 el Capitolio de La Habana  se eliminó una sección del paseo y se remodeló la que se mantuvo.

En 1902, con la intervención norteamericana, se lleva a cabo su reconstrucción, y el cambio de nombre a Paseo de Martí, en honor al apóstol de la independencia de Cuba, aunque el pueblo le siguió llamando "El Prado", por costumbre y por la gran semejanza que tiene con su homólogo madrileño.

Los leones

 Ocho apacibles y hermosos leones, de 86 años cada uno, son fieles  guardianes en el bicentenario Paseo del Prado habanero, a la vez que son testigos silenciosos de lo que acontece  a su alrededor. 

La Habana era el puerto más importante para España en el Nuevo Mundo, por lo que era necesario protegerlo de corsarios y piratas. Entonces se decidió  fortificar la bahía y se compró cientos de cañones para proteger y defender la ciudad, en fortalezas como el Castillo del Morro. Durante la etapa neocolonial, en pleno siglo XX, se comprobó que los cañones ya  resultaban obsoletos, por lo que se funde su bronce y se utiliza para crear las esculturas de los leones. En 1928, el Presidente de Cuba encargó el escultor francés Jean Puiforcat y al también escultor cubano y experto fundidor de bronce Juan Comas a esculpir los leones a gran escala para ser colocados a lo largo del Paseo. Los Leones siguen ahí y se han convertido en  símbolo de La Habana.

Dos de ellos se levantan majestuosos y firmes en el extremo norte de la vía, por la calle San Lázaro y frente al Malecón habanero, junto a la estatua del poeta Juan Clemente Zenea.

 La esquina de Malecón y Prado fue asiento del Hotel Miramar y, más tarde, del Miramar Garden, centro de reunión de la juventud bailadora de la época y lugar donde se celebraban movidas peleas de boxeo.

               Las farolas artísticas que acompañan a los leones.


Otros cuatro se alzan en el centro del paseo, en la calle Colón, y la pareja restante se halla al final del Prado, por la calle Neptuno y frente a la estatua del prócer revolucionario Manuel de la Cruz, también puede verse desde aquí en Prado y San Miguel  el Hotel Telégrafo, primero de La Habana con características hoteleras modernas.

El Prado sin sus leones, sería como La Habana sin su Malecón.

Bajo el Gobierno de Don Miguel Tacón y Rosique, militar y político español, quien fue Capitán General de la Isla de 1834 a 1838.  Se remodeló y amplió, construyéndose próximo al litoral, el edificio de la cárcel (desaparecido); el Teatro Tacón hoy Gran Teatro de La habana y el Campo de Marte al otro extremo para revistas militares. 
Avanzado el siglo XX perdió su carácter residencial y fueron ocupados los edificios por vecinos de poca solvencia, se convirtieron en viviendas colectivas y hospedajes para personas de pocos recursos. La inclusión de sus terrenos dentro de los límites del Centro Histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1982, fue el factor preponderante en su nuevo renacer.